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Casi, casi, desisto de escribir esta entrada, pero he pensado que escribiendo las primeras líneas, aún sin ganas, me entrará el gusanillo por terminarla.
Pues estos últimos días he estado en el FIB, como el resto de la humanidad, a tenor del petamiento de la ciudad que acoge al susodicho festival. No sabía que título ponerle a la entrada, que resumiese la vivencia. Finalmente me he decidido por un adjetivo que podría aplicarse a todos los aspectos de la estancia en Benicássim: HÚMEDO. Pero no humedad de la buena, de esa que da fresquito y hace crecer las plantas. Me refiero a la humedad que se pega a la piel como un moco, que se queda en la ropa que llevas y la que tienes en la maleta, que humedece la sábana y que luego de madrugada se enfría sobre tu piel, sobre tu ropa, sobre la sábana y hace que cojas un catarro de aupa en pleno Julio. De esa hablo.
No sabría llevar un orden en esta crónica porque el FIB es mucho más que música, de hecho a veces parece que el aspecto musical del festival es sólo un añadido que sirve de telón de fondo a otras muchas experiencias. Por eso no sé si centrarme en los conciertos o en lo otro, aunque hablar de los conciertos implicaría necesariamente hablar de la experiencia personal, de cómo estaba física y mentalmente yo en esa actuación, para justificar mi opinión sobre ella, asi que casi que me centro en la experiencia y que los conciertos sirvan de instrumento unificador.
Para empezar decir que he acabado hasta los huevos de autobuses, que encima de ser incómodos, calurosos o congelantes según si llevan aire o no, y tediosos, nos maltratan las retinas con películas cuyo visionado debería estar prohibido por ley. Voy a tenerme que replantear mi convicción por el bien de la humanidad de no sacarme el carnet de conducir.
El camping:
Fuimos al que mejor espina nos daba desde el principio, y más que nada porque los otros dos ya estaban a reventar, y como además éramos las segundas esperando para entrar se nos suponía un buen sitio para colocar la tienda. Dos señoritingas de ciudad intentando montar una tienda gigante que se nos caía por todos los lados. Qué penosas que somos. Suerte que andaban por ahi nuestros vecinos gallegos que montaron sus dos tiendas (una de ella más gigante aún que la nuestra) en un periquete y les sobró tiempo para montar la nuestra en lo que yo tardaba en traer algo de agua. La ubicación de la tienda evidentemente era mala, porque el pavo que coloca no se fija en que te dé la sombra o tenga un espacio vital entre tienda y tienda, si no en meter el máximo número de tiendas por metro cuadrado. Como en el Qué Apostamos vaya. Así que nos daba la solana desde las nueve de la mañana hasta las seis de la tarde, tiempo en el que no podíamos ni plantar un pie en la tienda ni en los alrededores sin sufrir riesgo de deshidratación o combustión expontánea por efecto del calor. Luego a partir de las seis en realidad tampoco pasabamos mucho tiempo porque era tiempo de adecentarnos un poco para ir al recinto, por lo que el tiempo en la tienda se reducía a unas cuatro horas en las que dormíamos como lirones hasta que ese despertador llamado calor húmedo nos despertaba a las nueve en punto. Pero no nos vayamos a creer que esas cuatro horas de sueño se pasaban entre algodones y sueños de corderitos saltando vallas no, durante esas benditas horas de descanso hacía un frio del cagarse! (un frio húmedo, qué duda cabe). Y nosotras sin saco. Pa' qué. Por lo menos llevamos un colchón hinchable y (milagro!) no se pinchó, por lo que al levantarnos por lo menos no teníamos los huesos como si nos hubiera pasado una apisonadora por encima.
Otro tema del camping eran las duchas. Dos hileras de tuberías con unas 60 duchas al aire libre, unas enfrente de otras, para entretener la vista en la posaderas o delantera (según te de la espalda o la cara) del de enfrente mientras nos enjabonamos. Menos mal que el calor y la practicidad dejan los complejos en un segundo plano y al segundo día restregarte tus partes con jabón delante de 80 personas (unas en bañador, otras en bolas) resultaba de lo más normal y cotidiano.
Rutinas:
Las mañanas-tardes se planteaban como una huída sistemática del sol, cosa que practicamente nunca conseguíamos, y un peregrinaje de bar en bar para poder utilizar un baño en condiciones, aunque afortunadamente y gracias al calor (que algo bueno tenía que tener) practicamente no meabamos nunca. Y así pasaban los días, entre caminatas hacia la playa, o hacia el polideportivo (un oasis de sombra) y reposos más o menos duraderos tiradas como colillas por los suelos en mi más que sufrida toalla.
El FIB:
Los recintos de conciertos tienen la particularidad de hacerme perderme en ellos. Por mucho tiempo que pase en ellos, nunca sé encontrar el camino hacia la salida, o hacia otra carpa, o hacia donde sea, y no, no iba borracha, de hecho no recuerdo haber bebido menos en los años que tengo, y fumar, poquito también, aunque tenía a Vane poco menos que esclavizada en la manufactura de porros. QUÉ DE GENTE, LA MADRE DE DIOS!!!. Incredible. Rios y rios de gente (guiris más que otra cosa) por todas partes, POR TODAS. Un agobio. Según cifras oficiales 40000 personas por día. A mi me parecían 100000 por lo bajo. Para salir de los conciertos era toda una odisea. No me extraña que me desorientase, si no veía salidas, no veía carpas, no veia nada más que gente!. Gente de todos los tamaños (el hermano gigante y albino del de Keane), colores (sobretodo colorado), sabores (sabor sudor, me imagino, aunque no lo experimenté, afortunadamente) e indumentarias, que por cierto, si llego a saber que aquello era una fiesta de disfraces algo me habría improvisado, porque o iban disfrazados, o los guiris confundieron su maleta con la de sus santas madres y por eso iban con batas y saltos de cama a los conciertos... Como ya he dicho, el 60% de los fibers (tirando por lo bajo) eran extranjeros, de Inglaterra, y de Manchester más concretamente (qué tendrá esta ciudad que congrega a la mayoría de los hooligans musicales?), lo cual fue y es muy criticado por los españoles. A mi particularmente los guiris no me molestaron lo más mínimo, y me proporcionaron momentos de mucha risa. Como es mi primer FIB no puedo comparar con anteriores, pero al parecer la masificación y el creciente número de extranjeros entre los asistentes está devaluando mucho el ambiente. En lo primero estoy 100% de acuerdo, en lo segundo ya no sabría decir. En mi opinión los ingleses tienen un espíritu festivalero distinto al nuestro. Nosotros al contar la música con cuentagotas nos centramos mucho en el aspecto musical mientras que ellos, que la tienen completamente asimilada en sus vidas, disfrutan más de otros aspectos del FIB, vamos que se dedican más a beber (beber, beber, beber, beber...) y a tomar el sol mientras escuchan a esos grupos que habrán tenido la oportunidad de ver 40000 veces, no como nosotros. Resultaba curioso que no me topase con ninguno que cantase las canciones, cuando se supone que al cantarlas en su idioma les sería más fácil sabérselas (yo sin ir más lejos, recurro a mi mejor aguachipeich para cantarlas).
El
Jueves fue el día más cansino. Llevando despiertas ni se sabe las horas (porque en el autobus nocturno no dormimos, qué duda cabe), en plena adaptación al clima caribeño y sin ningún grupo que nos motivase especialmente, dedicamos la noche a ojear un poco el recinto, las carpas, los tenderetes de comida y esas cosas. Como el resto de días, llegamos ya anocheciendo, por lo que me perdí a Sr. Mostaza y Teitur, pero es que con esta calor qué esperan?, a quién se le ocurre programar conciertos a las cinco de la tarde en pleno Julio?, este y otros detalles motivan mi teoria de que los organizadores del festival lo que verdaderamente querían era aniquilarnos a todos. Así que nos sentamos en el cesped del Verde mientras se nos vaporizaban los tímpanos oyendo a Tom Verlaine y Jimmy RIP (un coñazo insufrible de ruiditos de guitarra). Después nos adentramos un poco en el mogollón para ver a los Sunday Drivers, con un proyecto muy interesante que combinaba una orquesta sinfónica con el rock. Tenía yo a este grupo bastante aparcado desde que Emilio me dejó su primer disco años ha, y fuera a ese conciertillo suyo en el Swell (no por ellos, sino por los Magic Bus, grupo Pepinero). Durante ese concierto, y durante todo ese día en general nos vimos totalmente rodeadas de extranjeros, hasta el punto de pensar que eramos las únicas ibéricas de todo el pueblo, a excepción de los trabajadores que se sorprendían de poder hablar español con nosotras(el resto de días, mágicamente aparecieron los españoles y en las zonas en las que nos poníamos solían ser más que los guiris). No sé cómo aguantamos hasta las 3.00 en que empezaron los Scissor Sisters, muy marchosos y divertidos si... como las orquestas de los pueblos. No me habría sorprendido que se hubieran puesto a tocar el Paquito Chocolatero o la última de Bustamente, en serio. Es que a ver, cantantes chico y chica como en las orquestas, trajes chillones y brillantones como los de las orquestas, simpatía y sobreactuación como en las orquestas, qué es?, pues eso, una orquesta.
El
Viernes se planteaba más animado, con los Strokes, que se nos habían escurrido hasta entonces. Justitas llegamos a la carpa donde tocaban Babyshambles, llena a reventar (para mi el concierto de carpa más petado). Apenas vimos entre la multitud y los vaporizadores, que difuminaban al Pete y su banda al fondo, pero según se dice, los organizadores se cuidaron de ponerlos prontito para que no diera mucho tiempo a que les subiera la mierda que se ponen, asi que estuvieron decentes, más a mi gusto que Dirty Pretty Things creo yo. Vimos a Garzón, Walkmen o Futurheads?, no me acuerdo!, no debía tener yo los receptores muy allá en ese momento... De Pixies si que me acuerdo, y del parón de 20 minutos por las avalanchas de las primeras filas, y del pavo de la organización que nos amenazaba con no avanzar hacia delante NUNCA! también. Para lo poquito que conocíamos lo pasamos muy bien, sobretodo con Where Is My Mind (pero qué guapa que es El Club De La Lucha!!) y Here Comes Your Man, evidennnntemente. Después nos posicionamos (bastante mejor de lo que esperaba) para ver a los Strokes, pero antes tocaban Echo And The Bunnymen, un grupo con un cantante que tenía como aires de divo, que salió a hacer un bis sin que nadie se lo pidiera. Después si, Strokes. A estas alturas de la vida no debería sorprenderme que un grupo valorado suene tan bien en directo, que la voz del cantante sea idéntica a la de los discos. Por fin nos quitamos la espinita de verlos.
A partir del
Sábado ya nos considerábamos totalmente adaptadas e integradas en el ambiente festivalero. Nos planteamos dormir un poco a costa de Nadadora, The Organ y Calla, a los que tenía ganas, pero más ganas tenía de echar siesta. Asi que para eso de las nueve estábamos dispuestísimas para ver a Morrisey, que aunque no es santo de mi devoción este señor, bien se merecía una escucha, aunque sólo fuera por decir "yo estuve en un concierto de Morrisey, y él también!", pero claro, no contábamos con un artista invitado que requirió todo nuestro tiempo durante el concierto. Los cuatro únicos idiotas que no estábamos en el Verde a la hora de Mozz éramos los pelados que esperábamos sacar pasta del cajero, más la China Patino, que grababa para su finiquitado programa una crónica probablemente inventada del FIB porque apuesto lo que sea a que no vio ni medio concierto seguido. Asi que si, algo oímos, o más bien no oimos desde nuestra privilegiada posición, sin agobios de gente, pero eso sí, pelín alejada del escenario... No oímos Sorry, a ver si alguien que estuviera me saca de dudas. Ya descartando lo poco o nada que quedara de Morrisey, nos sentamos tranquilamente a ver a Jay Jay Johansson, mientras gradualmente se iba llenando su carpa de gente que salía del Verde, a ver si a Vane se le pasaba el ascazo de llevaba encima (remitiéndonos a la RAE: asco. (De asqueroso). 1. Alteración del estómago causada por la repugnancia que se tiene a algo que incita a vómito. Esto mismo, pero más) y luego a buscar un poco de cous cous de tenderete mientras nos acercábamos a la carpa donde tocaría Rufus Wainwright. Mismo repertorio que en el Summercase, aunque menos hablador y con Cumpleaños Feliz de por medio. Así que entre el Summercase y el FIB habré visto como medio concierto de este señor, por otras cosas que luego aunque me gustaron, me dejan con el regustillo de que probablemente habría disfrutado más en el de Rufus. Así que con las mismas, tiramos para el Verde a ver a The Kooks. Nos extrañó que no tocaran Seaside, aunque luego nos enteramos que sí la tocaron, cuando íbamos de la carpa al verde :S Ya aprovechando la coyuntura nos fuimos posicionando para el concierto de Franz Ferdinand, a los que más ganas tenía de ver, después de haber llegado a la determinación para mí misma y mis adentros de que Take Me Out es la polla en cebolla. Coger un buen sitio justo tras la segunda barrera que colocaron tras los "altercados" el día anterior con Pixies, no fue nada complicado, mucho menos de lo que había pensado, con tanta gente y esas cosas pensé que las primeras filas estarían monopolizadas por los 4 fanáticos de turno, pero resulta que yo debía ser uno de ellos... Asique el grupo de Alex Kapranos, sin su batería de siempre, pero con un sustituto muy bien aleccionado, nos dio el espectáculo y la diversión a través de sus pegadizas y efectivas melodías. Ni qué decir tiene que di por amortizada la pasta del abono al oir aquella canción que es la polla en cebolla. Tras estos, y sintiendolo mucho por Morning Runner, me pesaba más el cansancio que la posibilidad de descubrir un gran grupo, y nos fuimos a casita, tralalaralarita.
Y así, sin comerlo ni beberlo, nos plantamos en el
Domingo como por arte de magia. Porque los días pasaban como segundos, a pesar de que el calor lo hacía todo como estático, pero ya estábamos acostumbradas a vivir en la inmundicia, como mendigos sin hogar (sólo que sin mendigar, aunque tuvimos tentaciones de robar alguna propina de más de 6 euros que dejaban los guiris en las terrazas...). Por una vez llegamos bien para Editors, eso si, al final del todo, pero con una buena panorámica. Sonaron muy bien, incluso con una guitarra menos (que se jodió casi al principio). Me quedé sin Yann Tiersen por ir a coger un buen sitio al Verde, que aún no se había abierto y que contaba con bastante gente esperando (supongo que los días anteriores ocurriría igual, no sé), asi que por nuestros ovarios que entramos en el corralillo, y entramos. Y lo bien que se vivía alli dentro!, si lo sé acampo con la tienda alli los tres días!. Con eso del aforo reducido dentro del círculo estábamos más anchas que panchas. A las nueve, y con el jodio Sol, que todavía no se despegaba de nuestros cogotes salen Madness al escenario, con su marcha, sus ritmos ska, sus trajes y una sombrilla de playa. Hay a quien se le hizo pesado, la verdad es que yo lo pasé bien, y las que teníamos al lado ni te cuento, todavía me arrepiento de no haberlas grabado en video, de qué irían puestas?. Para la última canción contamos con la presencia de la niña-mujer hija de uno del grupo, que cómo bailaba la niña!, igualita que las de al lado, por cierto. Seguidamente (en realidad 45 minutos de espera después) llegaron Depeche Mode, los grandes esperados, los cabezones del festival. Según Vanesa el concierto resultó un tanto frio en cuanto a la acogida por el público. Está claro que no va a ser lo mismo que un concierto sólo de ellos, porque alli habría gente que no sintiera más que mera curiosidad por el grupo, como yo en el 90% de los conciertos. También parte de la culpa la tiene el grupo, que no varió ni repertorio ni actitud, ni guiños al público con respecto a su gira individual, y claro, pretender que en un festival te canten A Question Of Time... como que no. Yo lo disfruté como una enana. Y ya con los pies destrozados tras unas cuantas horas de pie derecho, nos planteamos renunciar a ver a Placebo desde el huevo por un poco de agua (que quieras que no, las necesidades primarias son eso, primarias). La providencia puso en nuestro camino hacia la salida una botella de litro y medio enterita tirada por algún seguridad, asi que dimos media vuelta, claro. Sin ninguna esperanza de aguantar de pie ni dos canciones nos enfrentamos a Brian Molko y su grupo, o debería decir compañero, puesto que los otros tres pintaban más bien poco en la configuración escénica. Bastante compañía tenían con sus veintecientasmil guitarras que iban luciendo en cada canción. A mi particularmente el setlist me favoreció porque se centró mucho en el último disco, que era el que mejor yo conocía, pero reconozco que la distribución de canciones era un tanto caótica. 6 o 7 del último disco, una tanda de hits (no me tocaron Pure Morning, me tienen contenta...), otras 2 o 3 del disco y un par un poco más desconocidas, todas mezcladas con desconcierto. Los encontré mucho más activos de lo que me esperaba. Gran profesionalidad, y gran voz la de Molko, y eso que no me hace demasiada gracia. Probamos a quedarnos por ahi durante Deus, porque me apetecía oir algo de éstos y de los Rakes, que venían después, pero nuestras piernas dijeron que nanai, que o descansaban un rato o las podíamos amputar, y claro, teniendo en cuenta que el día siguiente había que levantarse a las seis para recoger el chiringuito, decidimos hacerles caso. Menos conciertos de los que esperaba ver, aunque si que vi mejor de lo que esperaba y disfruté los que yo quería. Eso es lo que dio de si el recinto, que no nuestra aventura festivalera.
Los perroflautas:
La primera vez que lei acerca de ellos fue en el foro del FIB, hace ya dos años o más. La descripción que allí se hacía parecía un tanto caricaturesca, pero es que no, son así. Los perroflautas son seres entre hippies y punkies, que parece que llevan sin bañarse años, aunque no tantos años como los que deben estar sus perros sin ver el agua. Porque como buenos perroflautas, tienen que ir acompañados de un perro, que cuanto mayor sea su parecido a una rasta, mejor. Esta primera parte explica la primera parte del término: perroflauta. La segunda, resulta tan obvia como la primera, aunque hasta el tercer día o así no vimos a un perroflauta con su flauta dulce (si si, de las que nos obligaban a tocar en el cole). Los perroflautas comunes pasan el día escondidos en sus grutas secretas (esto es, una furgoneta customizada con todo tipo de lujos perroflauticos) o durmiendo en los parques en su defecto. Por la noche abarrotan los senderos de camino hacia el recinto ofreciendo todo tipo de productos, en su mayoría psicotrópicos, a grito pelao, como en el mercadillo (en este caso, de las drogas).
Conclusiones y fin:
Asi que a las 7 de la mañana estábamos listas, con todo recogido y empaquetado para ir a la Renfe que estaba justo detrás del camping pero que para llegar a ella había que dar un rodeo insufrible. Una vez alli nos la encontramos abarrotada de gente haciendo cola para coger su billete. Evidentemente no llegamos a coger el tren de las 8.04, no al menos con billete. Asi que fuimos sin él, en un tren totalmente embutidos unos con otros. Y así llegamos a Castellón, pero esta ya es otra historia...
- Había mucho más guiri mono en comparación con los españoles. Pero muchos más españoles civilizados en comparación con los guiris.
- La gente de la organización majísima, y en general todo aquel con el que tuvimos contacto.
- Nos encontramos como 400 veces con los mismos 5, pero en los 4 días no localicé a Sonia y Vir.
- Para vivir experiencias, el FIB. Para ver conciertos, el Summercase.
- Me quedé con ganas de pisar más la carpa Pop.
- Viva el corralillo!!.
- Viva nosotras, que tenemos más huevos que la Pantoja!!.
- Si pensáis que he escrito esto en lo que dura la canción de Rufus, es que también creéis en los Reyes Magos.
- Volveremos el año que viene?................